Simionema | Artículo de opinión: narrar a través de la pintura
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Narración, arte, cultura, pintura
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Artículos de opinión

Simionema, asesoría narrativa, artículo de opinión

Un artículo de Laura Titón, para Simionema asesoría narrativa

En primera persona

Narrar a través de la pintura: un vuelo sin mapa

Laura Titón

Este artículo es propiedad intelectual de Laura Titón. Si desea mencionarlo, citarlo o difundirlo, utilice la siguiente referencia:

Titón, L. (2018). “Un vuelo sin mapa”. Disponible en: https://simionema.com/pintura/

©Laura Titón. Todos los derechos reservados.

 

Pensar en la incertidumbre como en una hoja en blanco. Intentar caracteres como aves colgados de los hilos que mueve el viento. Asomarse a la tela en blanco como a un espacio creador, como si este representara un enorme silencio en algún lugar de esta melodía que es la vida. Es, sin dudas, una pulsión transformadora.

Sumado a lo anterior, es inevitable, para algunas almas que caminan este planeta, (otras, transitan otros cielos) experimentar la intensidad con que se viven los días. Si nos demoramos un poco, y hacemos consciente el paso a paso, podemos pensarnos, respirarnos, abrazarnos a este lenguaje diferente. Creando, sumando, uniendo, fundiendo. 

La pintura en sí misma es una iniciativa individual de coraje que te permite ir en tu propia búsqueda, y al mismo tiempo, estar dispuesto a mirarse muy en profundidad. Tolerante con toda tu humanidad.

Personalmente, creo que somos una montaña de deseos, vamos detrás de ellos como una cola roja al barrilete. Nos moviliza la charla del niño que mora en nuestro pensamiento, e incluso es capaz de ponerle alas al corazón.

Es así, que fue una imagen construida por un grupo de palabras las que reunieron mis emociones cual piezas de un rompecabezas, y dibujaron EL CAMINO. Una pincelada abrió la puerta a las siguientes, y el resultado se hizo presente como un obsequio. Si pudiera definirlo poéticamente, diría que es la pertenencia a un lugar donde SEA LO QUE NO ES (A. Pizarnik). 

Por otro lado fue, ni más ni menos, el genio creativo de Vincent Van Gogh en la pluma de Irving Stone, cuyo libro de su autoría Lujuria de vivir,  despertó en mí aquello que estaba dormido.

Iba suspendida del calor de la brisa que acariciaba las parcelas doradas sembradas en Arles, en aquel instante infinito en que Vincent entrecerraba sus ojos claros para recorrerlas, intentando adivinar los pigmentos que se mezclaban frente a sus ojos, las formas de los objetos dispuestos en el paisaje, su lejanía o cercanía. . . fue la sensación intensa de evocar su mano oliendo a trementina, todavía manchada por los azules y amarillos que adoraba, separando la hierba y ajustando sus dedos alrededor de un manojo, la que dio cuenta de la texturas y trazos que después imprimieron en sus propias telas sus pinceles. . . y algo más. Siempre algo más danzaba entre letras, imágenes impresas en su corazón que aprendieron a nadar sumergidas en colores oleosos cargados de emociones. Sentimientos que se multiplicaron como peces en ese río sagrado y aprendieron a flotar para penetrar en nuestros oídos todavía hoy, en cada oportunidad en que nuestros ojos se detienen frente a una de sus obras.

Un espíritu incomprendido por la generación a la que perteneció, dueño de un lenguaje en el que no son necesarias las palabras.

Solo es imperativo mirar a la cara a nuestros demonios para comprender la impotencia de aquel párroco con alma de pintor, frente a la pobreza extrema de los mineros. Hacer de la acción de darse su religión, deslizarse sobre un crepúsculo en el campo y en la boca de la noche pintar estrellas en el cielo nocturno como ritual de rezo,  hasta quedar desnudo y vulnerable en toda su humanidad. Lo habitual y cotidiano provocaba belleza, y Vincent la dibujaba. La dignidad del trabajo realizado con las propias manos, guardaba el valor que él era capaz de percibir, y teñía con sus tonos. El brillo de sus emociones transpira en sus oleos, y la intensidad está representada en la profundidad del color. Su espíritu febril en el trazo de sus pinceladas cargadas de material. Incluso su urgencia de vivir en el constante cambio de dirección.

“El arte es una obsesión con la vida”, decía Francis Bacon. Y desde que somos seres humanos, nuestra mayor obsesión es con nosotros mismos.

El arte siempre nos regresa a la vulnerabilidad humana. La percepción es el verdadero puente a la tela para un pintor. Lo inevitable es pintarse a sí mismo de alguna manera. Y como todo lenguaje, es lengua viva en constante cambio y evolución. Todo lo que somos y hacemos pasa a la pintura. Es el resultado de una búsqueda, y también un encuentro. Una aventura obstinada en la que vamos recogiendo nuestras partes. Y Como todo lo verdadero, una forma del amor.

En mi caso particular, disfruto intensamente del proceso creador.

Ese “mientras tanto”, que se parece tanto al espacio entre renglones de un escritor, donde me permito sentir profundamente el cambio, es un canal abierto de emociones que lo inundan todo  de color y es abrumadora la sensación. En ese estado de sitio emocional, de vez en cuando soy capaz de finalizar la obra, mientras permanece el momento. En otras ocasiones, queda inconclusa esperando un nuevo diálogo. . .

Y esto, que sucede en solitario la mayor parte del tiempo, tiene su connotación positiva cuando es compartido con un otro. Es, además, un proceso multiplicador y generoso al que de improviso le surgen alas. Las que trae el otro, su personal punto de vista, y las mías propias. Entonces, lo que debería ser un final, se transmuta en otro comienzo. Y del verbo soltar, parte integrante y necesaria del proceso creativo, describiendo un loop en el aire, resbalamos cariñosos en dirección a un horizonte nuevo y diferente, o lo que bien podría ser, un vuelo sin mapa…

 

Sobre la autora

Laura Titón es artista plástica. Sus cuadros transitan entre el impresionismo y la mixtura de éste con toques de realismo. Forma parte de Artelelegas, espacio destinado a la difusión del arte plástico en todas sus expresiones. Ha expuesto en numerosas ocasiones su trabajo, el cual es fruto de una sólida trayectoria como pintora.

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