Este artículo es propiedad intelectual de Aldo Merlino y se encuentra asentado en el registro de propiedad intelectual SafeCreative. Si desea mencionarlo, citarlo o difundirlo, utilice la siguiente referencia:
Merlino, A. (2018). Claves de la coherencia narrativa. Parte 1. La tríada trama/personajes/eventos. Disponible en: www.simionema.com/coherencia-narrativa
©Aldo Merlino, 2018. Todos los derechos reservados.
En el presente artículo me propongo revisar algunos de los aspectos centrales de lo que podríamos considerar uno de los bienes más preciados de una novela: la coherencia narrativa. Por coherencia narrativa entenderemos la consistencia y coordinación de los elementos que conforman la narración. Si bien los componentes de una novela varían, dependiendo de qué autor se tome como referencia, hemos de considerar aquí los siguientes: la trama, los personajes, los lugares, el tiempo y los eventos (con sus acciones relacionadas).
La importancia de la coherencia entre las partes de una narración radica en lograr que la historia se desarrolle con fluidez y cohesión, es decir, que la lectura discurra sin que existan saltos o baches que resultan disonantes para el lector, aun sin que este sepa, necesariamente, que es lo que «funciona mal».
Los errores de incoherencia, más allá de las cualidades creativas que cada autor tenga, son «monitoreables», en tanto tengamos presente que una novela, como todo texto, presenta una estructura. Y dicha estructura es, en todo caso, un esquema fundamental de elementos que se relacionan entre sí y, en dicha relación, dan sentido al texto.
Este artículo constituye la primera parte de este tema. Por ello, solo me concentraré aquí en trabajar algunas cuestiones atinentes a tres componentes de la narración, a saber:
Recorreré los tres elementos y, a modo de sugerencia, propondré una serie de factores a tener en cuenta para evitar, en la medida de lo posible, incurrir en el error de la incoherencia narrativa.
Los ítems a considerar pueden ser monitoreados como si de una lista de verificación se tratase. Sin embargo, ello no debería funcionar —jamás— como un corsé creativo, sino solo como una herramienta útil para ayudarnos a revisar críticamente nuestro escrito, a los fines de asegurar la consistencia interna del mismo.
La lista de verificación que propongo puede aplicarse en varios momentos de la escritura de una novela, con diferentes niveles de exhaustividad, a saber:
Veamos entonces.
1- Sobre la trama en general
1.1- Cualidad del núcleo narrativo
Es importante revisar que la idea-eje de la novela implique un núcleo narrativo lo suficientemente fuerte como para justificar el relato. Este núcleo puede tomar varias formas (conflicto, cambio, reconstrucción, etc.), pero debe ser lo suficientemente potente como para permitir una narración alrededor de él. Dicha narración implicará distintos momentos, situaciones, variaciones, enredos y un desenlace, que serán débiles y poco convincentes si el conflicto/nudo de base no es lo suficientemente poderoso. Por ejemplo: si la idea central de una novela histórica se enfoca en que la joven protagonista desea viajar, con el fin de conocer el mundo, es posible que ese motivo —per se— no pueda presentarse como suficientemente potente para justificar el movimiento narrativo. Por supuesto, durante el viaje se podrían incorporar la cantidad necesaria de elementos que lo tornaran una aventura muy interesante. Pero, en ese caso, el nudo narrativo ya no sería el del deseo de viajar de la muchacha, sino —por ejemplo— el asesinato en el que ella se ve envuelta durante el viaje, que modificará su destino para siempre, obligándola a demostrar su inocencia.
1.2- Secuencia narrativa
Debemos siempre revisar la secuencia narrativa, esto es: debe haber (o por lo menos sirve para ordenarse, si no es explícito) un antes, un durante y un después/final. Esta secuencia es la que debemos tener clara, pero solo como estructura, no como corsé. Esto significa que, por ejemplo, en la novela imaginaria que describo arriba hay un antes, marcado por la vida de la protagonista, aburrida y sin brillo. Luego, hay un comienzo (el viaje), detonante de la situación nuclear que desencadenará todo el proceso narrativo (que es el durante). Justamente, durante un viaje de placer, un hombre que va en mismo tren que la muchacha (es más, se sienta a su lado) es asesinado silenciosamente. Tras el revuelo ocasionado por dicha situación, y al revisar las pertenencias de todos los pasajeros, la policía encuentra el arma homicida en el bolso de nuestra joven viajera, que nada sabe acerca de cómo una daga ensangrentada ha ido a parar allí.
Esta situación desata, a su vez, otros antes, durante y después que son incluidos en la secuencia general, la cual nunca debe perderse de vista. Se trata de micronúcleos narrativos; por ejemplo: cuando la joven es perseguida, luego atrapada y, posteriormente, juzgada. Encontraremos muchos micronúcleos o núcleos accesorios que, insisto, están al servicio de darle ritmo y textura al nudo central.
Finalmente, habrá un después o final, dado por un desenlace en que la protagonista, aparte de demostrar su inocencia, habrá descubierto al asesino y, por qué no, conocido a un hombre con el que comenzará un romance (quizá el mismo policía que la detuvo).
Esta secuencia general y sus microsecuencias incluidas suponen una temporalidad, la cual debe quedar bien clara para el narrador y el lector. En este sentido, cabe preguntarse siempre:
1.3- Tempo narrativo
Algo muy relacionado con lo último que menciono en el punto anterior, que resulta menester tener presente —siempre—, es el tempo de la secuencia narrativa. Esto significa preguntarse lo siguiente:
2- Sobre los personajes
Es sin duda innecesario comentar algo sobre la importancia de los personajes en una novela. Sin embargo, me detendré en algunos aspectos clave acerca de los mismos.
2.1- Potencia de los personajes
Debemos revisar que los personajes (los centrales y también los periféricos) sean atractivos, en relación a su personalidad, lo que hacen y lo que provocan en los otros (beneficios, daños, etc.). Esto no significa que todos deban ser igualmente atrayentes, llamativos o heroicos, sino que cada uno debe tener sus características que, a su vez, resulten funcionales al relato. Eso es lo que los hace interesantes: su funcionalidad al servicio de la estructura narrativa macro o micro, mencionada arriba. En términos más simples, uno podría preguntarse:
2.2- Personalidad y coherencia de los personajes
Este aspecto resulta de vital importancia, ya que la coherencia de la descripción de cada personaje —sobre todo de los principales— aporta elementos imprescindibles para la narración. Veamos algunas cuestiones centrales:
– Esto que le estoy haciendo hacer a este detective ¿es algo que haría él?; ¿responde a su modo de ser y ver el mundo?
– Esto que dice ¿va en línea con su nobleza o su ruindad?
Debemos recordar que, en realidad, la psicología y las acciones de los personajes son indisolubles, pues usamos lo segundo para describir lo primero. Es decir, es raro —y a veces inefectivo— describir la personalidad del personaje como tal, sino que lo más frecuente y efectivo es mostrar lo que dice y hace, por lo cual el lector infiere su manera de ser. Si, en la novela, un hombre es altruista, decirlo no basta, sino que debe hacer algo para que el lector lo entienda. Ahora bien, si páginas más adelante el mismo hombre le roba el helado a un niño, entonces deberemos inferir que pueden suceder dos cosas con este sujeto:
A menos que la novela se titule Memorias de un conde psicótico, el punto b) no aportará nada a la narración.
2.2.1- Cambios en la personalidad de los personajes
Todo lo descrito arriba no implica que los personajes de una novela no puedan (y deban) cambiar su forma de ser/actuar y ver el mundo. Por el contrario, la dinámica de una narración exige modificaciones en el ser y el hacer de sus protagonistas. Sin embargo, estas modificaciones —funcionales a la macroestructura— deben ir formulándose de a poco y con el cuidado suficiente. De ese modo, las variaciones en los personajes aportarán algo vital para una novela: dinámica y desenlace de un conflicto/núcleo.
Atender al arte de la descripción de cada uno de los actores de nuestra narración implica revisar los siguientes aspectos:
Debemos comprender que cada cosa que hace o dice el personaje es parte de su ser e implica una descripción de su personalidad mucho más potente que el simple decir del narrador. En este sentido, podemos contar que nuestro protagonista es noble (tipo de descripción que no resulta la mejor), pero si hacemos que dicho sujeto le pegue una patada a un perro que pasa por allí (que más adelante será el perro traficante), lo único que lograremos será «lastimarlo»; no al perro —que ya recibió la patada—, sino al personaje, pues patear a un can inofensivo es un acto innoble, que choca frontalmente con toda descripción de bondad que previamente se haya hecho del personaje. Y aunque el sujeto fuese el mecenas de un orfanato —cosa muy noble y mucho más compleja que patear un perro—, toda la fuerza de su nobleza desaparecería, de un soplido, ante la potencia simbólica que implica patear al animalito.
2.2.2- Fantasía en la descripción de los personajes
Lo que se ha descrito en el apartado relativo a los personajes no implica, de ningún modo, que el narrador no pueda apelar a cierta lógica fantástica en la descripción y modificación del modo de ser y hacer de aquellos. Es decir, al tratarse de ficción, existen licencias que el autor puede tomarse y que en ocasiones pueden ser funcionales al relato. En este punto nos referimos a cambios que no siempre tienen arraigo en una lógica racional o en una estricta descripción espacio-temporal. Por ejemplo, es posible que un personaje despierte de un coma y, en pocos días, recuerde todo lo que sucedió antes del trauma. Esto, si está bien presentado, podría ser funcional al desenlace de una narración que «necesita» la información que el sujeto puede (y debe) dar sobre el asesino, luego de su coma. En este caso, describir el proceso real de rehabilitación muscular, psiconeuronal y demás resultaría tedioso, y su relación con la realidad podría no aportar valor al relato. Esto no implica, por supuesto, que el hombre despierte del coma de un salto y se vista para irse del hospital. Se procederá a analizar —como se mencionó arriba—el tempo del relato; pero es posible tomarse ciertas licencias que, bien narradas, resulten creíbles y funcionales a la narración.
3- Atando cabos y situaciones en la novela
En este apartado nos referimos a que una narración supone el detalle de eventos que van sucediendo o que han sucedido. Dichos eventos implican distintos momentos de la trama narrativa y sirven para darle ritmo. Algunos son accesorios y otros son nucleares e imprescindibles para marcar la secuencia, tono y devenir de la novela.
Imaginemos un ejemplo: podríamos pensar que, en una novela policial, el detective recibe un golpe en la cabeza y, durante su estado de inconsciencia, cree haber visto una imagen que supone relacionada con el crimen que está investigando.
Si describimos un evento así y luego el mismo no es retomado en la trama de la novela, ocasionaremos un desvío (innecesario) de la atención del lector. Sin embargo, ello no implica que el narrador deba mencionar permanentemente el evento del golpe y la imagen alucinatoria, sino que deberá hacerlo gravitar en los hechos que sucedan durante la novela. Es decir, tendrá que «atar» la imagen que vio el detective con alguna clave de la macro o microestructura narrativa. Si no es así, pues entonces el golpe y la imagen no tienen sentido ni función en la secuencia de la trama.
Por otra parte, el autor deberá siempre tomar nota de los detalles narrativos que utiliza, para no dejar cabos sueltos. Por ejemplo, supongamos que son dos las personas que acuden a la escena del crimen (detective y ayudante), pero el ayudante luego se diluye en importancia para dar lugar a los hechos que durante esa escena acontecen. Ello no implica que el ayudante desaparezca del relato y nunca se lo vuelva a mencionar, pues ese «desvanecimiento» deja un vacío narrativo que atenta contra la lógica del relato.
4- A modo de conclusión
Hemos recorrido, someramente, los aspectos centrales de la triada trama/personajes/eventos. La idea central de este artículo, en esta primera parte, es sembrar el interés por la revisión permanente de nuestros escritos, en búsqueda de la coherencia entre los elementos de la triada e incluso dentro de ellos. En efecto, si la idea de la trama presenta un núcleo lo suficientemente potente, no deberemos hacerlo languidecer con protagonistas débiles o con eventos que sean inapropiados para desenrollar dicho núcleo. A la vez —y atendiendo al interior de cada elemento—, revisaremos que la descripción de los personajes resulte consistente con sus acciones y con el tiempo que se requiere para desarrollarlas. Y así con cada uno de los componentes de la narración
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